Estos días de tanto viento desconciertan a uno. No sabes qué hacer. ¿Salgo? ¿No salgo?
El viernes salí. El viento tumbaba la bici, pero me daba igual. Estaba disfrutando como un crío. No todos los días se tiene la oportunidad de salir a montar con este viento. Eso de que te frene la bici cuando viene en contra es algo digno de sentir. Y cuando lo tienes a favor... ¡Qué gozada!
Pero lo mejor de la salida fue el final. Pegué un frenazo brusco, descabalgué y me tumbe en una pradera cerca de casa. A tomar por saco todo. Qué sensación, qué tranquilidad, qué placer. Sentir el fuerte viento a tu alrededor, el batir de las ramas de los olivos... ¡Qué no se acabe el viento!
Bueno, si, que se acabe, que un rato es divertido, pero hoy es domingo y entre el viento y la lluvia no se ha podido salir, y eso ya no mola tanto.
Hice 15 kilómetros, con el viento unas veces a favor y otras en contra, y me gustó mucho. Quizá tenemos el viento demonizado, cuando tampoco es tan malo.
Lo peor de la salida ha sido ver que han cortado la ruta del quijote por las obras. Y, claro, yo no me iba a dar la vuelta, asi es que ahí estaba yo, entre los pedazo de camiones. Por un momento me he sentido como Don Quijote con los molinos. En fin, hay que buscarle el lado divertido a las cosas.
Ya sabéis: nieve, haga viento, llueva... No dejéis de montar. Todo tiene su lado divertido.
domingo, 25 de enero de 2009
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